sábado, marzo 29, 2008

Aunque es de noche - Cristian Warnken

De emol.com

Jueves 20 de Marzo de 2008

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Amado hijo: te tengo una noticia muy importante: hoy, a las 2.48 de la mañana, comenzó el otoño. El sol se trasladó del hemisferio sur al norte, cruzando la línea del Ecuador. Ha llegado la estación más hermosa a esta bella ciudad envenenada. Los liquidámbares y los gingos estallarán con su euforia de árboles extranjeros trasplantados aquí. Ojalá abril no sea el mes más cruel, como dijo un poeta de otro hemisferio, sino el más sabio, el que nos enseñe una y otra vez que las hojas tienen que caer para hacerse humus, y que en todo ocaso o final late una remota esperanza. Pisaré todas las hojas posibles por ti, y contigo meteré mis zapatos en todos los charcos de agua, como el niño que nunca debí dejar de ser, me detendré a recibir en la cara todas las brisas de la estación. Nos lo dijo Bob Dylan, quizás el último bardo del norte, en su visita: "La respuesta está soplando en el viento". Valió la pena ir a su concierto, a pesar de la pena, sólo para escucharlo decir otra vez: "The answer, my friend, is blowing in the wind".

Hijo: a veces te siento en el viento, a veces te respiro en el aire de la tarde, cuando todos los niños ya están en sus casas comiendo o preparándose para dormir. Yo ya no espero nada de las imposibles y gastadas preguntas, los "porqués" o "para qués". En tu ausencia, sólo puedo balbucear un "entonces", a lo más un "tal vez".

En el hemisferio norte se espera el fin de la cuaresma con la llegada de la primavera; a nosotros nos toca celebrarla con el otoño. En este fin del mundo, es menos obvia, más interior la coincidencia entre los ciclos de la tierra y ese rito. ¡Y aquí, donde te tocó nacer y morir, las hojas de los árboles nativos son perennes!

Hijo: ésta es la última vez que hablaré de ti a los otros. Ha llegado el momento de que este duelo se eclipse, como uno más entre los millones de duelos anónimos de la multitud de los que siguen alentando pasos sobre la tierra.

Yo -antes de tu partida- creía con un filósofo francés que "el infierno son los otros". Esos miles de correos de los lectores que postearon en los blogs -como rescatistas espontáneos- para tendernos una mano muestran que tiene más razón tu hermano Alonso que Jean Paul Sartre. Él nos contó -apenas partiste- que te habías aparecido en un sueño para decirle: "Dile a mi mamá que no tenga pena, porque la amaré siempre en el corazón de toda la gente".

¿Qué sería de nosotros sin el corazón de los otros? ¡Porque Dios ha callado como un padre ausente y nos ha abandonado a la insoportable sensación de la nada! Son los otros -nuestros hermanos huérfanos- y no Él, nuestro padre, los que hicieron un arca para que no naufragáramos en este mar de lágrimas.

Clemente: ya estás en el corazón de los miles que nos escribieron y regalaron las "extrañas flores del consuelo". Ésas que brotan y crecen lejos del ruido y la furia, "en las holladas praderas de nuestra pobreza".

Hijo: hace más de dos mil años, otro hijo, pero que se decía hijo de Dios, moría, y sus discípulos repartían a todos los vientos la certeza de su resurrección. ¡Yo cambiaría mi propia resurrección -si pudiera, ahora mismo- sólo por abrazarte otra vez!

Hijo: ¿es esa promesa verdad, o el consuelo más extraordinario y hermoso inventado por el hombre para calmar el insoportable dolor del mundo? ¿Nos reencontraremos algún día -hijo y padre pródigos-, o nos disolveremos como una hoja más en el otoño cósmico? Hijo: ¡sólo tú puedes decírmelo al oído, como cuando me contabas un secreto cuando jugábamos! ¡Hagamos trampa esta vez y dime la verdad!: esperaré el otoño, la primavera y todas las estaciones que sea necesario para recibir tu respuesta.

Esperaré que me la traiga el viento. Esperaré como te esperamos nacer. Para nacer de nuevo. Aunque es de noche.

miércoles, marzo 12, 2008

A ti - Cristián Warnken


Jueves 06 de Marzo de 2008 (tomada de emol.com)

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A ti que lees estas líneas, que estás bajando por una de las tantas autopistas de la ciudad en esta mañana de marzo o, tal vez, estás en un vagón del Metro -con la mirada extraviada, como todos los que viajan a esta hora-, o paladeas el primer café y recorres distraído las páginas de este diario, buscando algo que no sabes qué es. A ti, que llevas a tus hijos al colegio y que acabas de no escuchar una pregunta que te hizo tu hija más pequeña, porque estabas pensando en otra cosa. A ti, que acabas de salir de la ducha y te ves un instante en el espejo. A ti, que pasas rápido a mi lado y casi me empujas y no me ves. A ti, que -con apenas 18 años- te levantas con el tedio pegado en el alma y te enchufas al computador para no abrir la ventana de tu pieza que da al jardín. A ti, que miras a tu marido todavía dormir a tu lado, y ves su nuca y su piel gastada, y sientes en el centro de tu pecho un hueco, la sensación de un cansancio del que quisieras huir a miles de kilómetros de ahí. A ti, que estás comprando el pan sin emocionarte con su olor y su temperatura. A ti, que entraste al cajero automático y descubriste que el saldo de tu cuenta era negativo, y sientes miedo, rabia, angustia. A ti, que acabas de dejar a tu niño en la sala cuna y te fuiste sin cantarle esa canción "que a él tanto le gusta". A ti, que acabas de entrar en la oficina y te dispones a iniciar un día igual a todos los días, trabajando sin amor por lo que haces, como pieza de un engranaje que te devora.

A ti quiero agarrarte de la solapa, del brazo -con respeto, pero con fuerza-, a ti quiero detenerte en tu carrera loca y decirte lo que tal vez nadie te ha dicho nunca, porque no se enseña en los colegios ni aparece en los diarios. Yo no soy nadie para quitarte cinco minutos de tu atiborrada y desesperada agenda, soy uno más entre los millones que bajan esta mañana a comenzar un día más en la ciudad. Entonces, ¿por qué habrías de desconectarte de tu "iPod" o apagar tu celular para escucharme? Pensarás acaso que soy un predicador más, un vendedor de seguros, o alguien que quiere robarte a plena luz del día. Sé que me mirarás con recelo, con molestia, con desconfianza.

A ti, que me oyes pendiente de tu reloj, quiero decirte, antes de que desaparezcas devorado por la multitud: "El hombre es desgraciado porque no sabe que es feliz. ¡Eso es todo! Si cualquiera llega a descubrirlo, será feliz de inmediato, en ese mismo minuto. Todo es bueno".

¿Y eso era todo? -me dirás-. Sí, y te digo: todo lo demás, fuera de eso, es nada.

Si te he agarrado de la solapa y te he abordado a esta hora de la mañana de este jueves que escribo es para decirte que eres feliz y no lo sabes. Y que eso que te dije lo dijo una vez un hombre como tú, que se llamó Dostoyevski. Y yo, ¿quién soy para hablarte así, para entrar en tu privacidad y leerte la cita de un ruso que no conoces? Yo soy el muerto. Yo estoy muerto, tú estás vivo.

¿Muerto tú? -me dirás-. ¡Pero si puedo tocarte y verte y oírte!

Sí, pero estoy muerto. Yo me levantaba en las mañanas como tú, prendía la radio como tú, paladeaba un café como tú, miraba distraído las primeras nubes en el cielo, y llevaba a mi hijo al jardín, y no sabía que era feliz, que estaba vivo. No lo sabía, como tú no lo sabes, como no lo saben tantos que no pisan con placer las primeras hojas del otoño, que no se detienen a ver los primeros rayos de luz colarse por la ventana para entibiar la piel del o la que duerme todavía a tu lado.

Pero esto, en realidad, no me lo enseñó Dostoyevksi, sino mi pequeño hijo Clemente, un niño como millones de niños que en este momento son llevados al colegio, un niño que me hizo una pregunta que no escuché una mañana de un jueves como hoy. ¡Eres feliz y no lo sabes! Eso es lo que enseñan los niños que mueren, eso lo aprendemos de un golpe los que morimos con ellos, eso es lo que los vivos como tú no pueden escuchar.

martes, febrero 26, 2008

Buenos días, señor abismo - Cristián Warnken


Jueves 21 de Febrero de 2008

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Hoy siento la derrota de ser hombre, porque he metido mis pies en el abismo y no puedo sacarlos de ahí; porque vago con una débil lámpara que se apaga, en una larga noche de tormenta, y toco puertas que no se abren, y tiemblo de terror y pena como un niño.

Soy una hoja batida por el viento, una casa en ruinas, un árbol caído y sin raíces. Soy el derrotado, el fulminado, el caído. Soy el hombre, el mamífero que piensa y ríe, el que se creyó Dios -y bailó sobre la tumba de Dios-, pero que -sin aviso- es ahora el gusano que repta y clama. ¿Y quién lo escucha?

A veces hablo en voz alta como un loco, un loco que ríe y llora al mismo tiempo, a veces caigo de rodillas, a veces miro mi propio rostro reflejado en el agua y no me reconozco. ¿Quién eres? -me pregunta una vieja voz que me parece familiar-, y digo "No sé". "¿Tú no eres acaso el hombre, el que leía poemas a voz en cuello, el que hacía preguntas hermosas, el que creía en la palabra, el que acunaba certezas?". "No -le digo-. Yo soy el derrotado, ábreme por favor tu puerta, dame un poco de luz". La voz tose, cierra los postigos, me pide que me aleje de ahí, como un leproso. Soy un leproso, un sarnoso, llevo la peste de la duda, la fiebre del dolor pegada a la piel, soy una pura desolladura. Una desolladura que camina a la intemperie. Un abismo con el cuerpo de un hombre, con dos pies, dos manos, una camisa abotonada, un abismo con cabellos, con células, con ojos. Un abismo con carné de identidad, un abismo con familia, sueldo, amigos, casa..., pero un abismo. Un abismo que está de vacaciones, un abismo que lee los periódicos, come sushi, duerme la siesta. El que se sienta conmigo a conversar conversa con un abismo, el que me abrace abrazará a un abismo, el que haga negocios conmigo no debe olvidar que soy un abismo. Voy al baño, como, pago las cuentas, pero soy un abismo. Antes lo había leído, pero ahora lo sé. El abismo ya no es sólo una palabra abstracta que leí alguna vez en Pascal o Baudelaire. No, el abismo se instaló en mi casa, usa mis pantuflas, mi piyama, se acuesta con mi mujer.

Me siento en una silla, la silla no puede tapar el abismo, porque soy el abismo. Me duermo abismo, me despierto abismo. Un abismo que llora... ¿Hay algo más impresionante que un abismo que llora?

Ya viene marzo -piensas-, todo volverá a la normalidad: llevarás a tu hijo al colegio, irás a reuniones, preguntarás por la tasa de interés de un crédito. Pero, ¿podrás hacer todo eso sabiendo que eres abismo? Sabes que cada vez que lloras eres más abismo aún, y te pones la corbata y lloras, y los zapatos y tus pies lloran. Pero te levantarás. Que un abismo se levante a las siete de la mañana es un milagro. Pero lo harás y entrarás a un cajero automático, y el dinero pasará por las manos del abismo.

Conversarán contigo los creyentes y tendrán miedo. Los hedonistas se lo comerán todo, se lo tomarán todo, para olvidar que te vieron. Los de la farándula te colocarán en su lista negra. Los "paparazzi" no verán nunca tu verdadero rostro. Los intelectuales te presentarán sus respetos, pero no bajarán contigo a tu abismo. Entonces, optarás por hablar de fútbol o política en las recepciones y los cócteles, te aferrarás a dos o tres perogrulladas para no oler ni apestar a abismo.

Ahora estás sentado en un café y recorres tu agenda nueva, vacía. Alguien pasa junto a ti, te roza, te estremeces... Miras a los ojos al que acaba de sentarse en la mesa del lado, y lo reconoces al vuelo: ¡él también es un abismo! Disfrazado, perfumado como tú, pero un abismo al fin y al cabo, tu semejante, tu hermano. ¿Y qué tal si -rompiendo todas las formalidades del caso- te sientas a conversar con él? Abismo frente a abismo, díganse lo necesario, lo esencial. La verdad abismal del hombre que nadie quiere oír en estos días.

jueves, febrero 14, 2008

Mi Amor por Ti - Cristián Wanken

Les copio la columna del 2 de febrero de Cristian Warnken.

Cristián Warnken
Jueves 07 de Febrero de 2008
Mi amor por ti

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¿Cómo comenzar esta columna sin temor de hacer el ridículo? Fernando Pessoa dijo una vez que todas las cartas de amor son ridículas. ¿Y las columnas de amor? ¿Se puede escribir una columna de amor? No estás en ninguna pauta, no eres titular de los diarios por el puro hecho de existir, pero -aunque suene a cliché irredimible- eres para mí la noticia que siempre será noticia. Pensé eso cuando vi la fotografía de esa pareja a la que la lava del volcán en erupción sorprendió abrazados, en la Pompeya de hace miles de años. Abrazados, derrotaron al fuego y al olvido con un gesto que conmovió al arqueólogo, al fotógrafo y a todos los que vieron emerger desde el fondo de los tiempos y de las ruinas esta "PietÀ" del amor humano. ¿Qué los salvó? No los salvó la épica, ni la gloria, ni la fama. Los salvó el amor.

Siempre quise escribirte un poema de amor, pero no pude. Cada vez que lo empezaba, me parecía un pobre ejercicio de retórica que no decía nada de ti. Entonces preferí hacer míos los poemas de amor de Éluard a Nusch, los de Apollinaire a Lou y los de Miguel Hernández a su mujer. Esos poetas parecían haberte conocido, porque decían de ti lo que yo no podía decir.

Si todas las cartas de amor son ridículas, quiero que esta columna sea ridícula, porque si no, no sería de amor. La escribo mientras le estás dando pecho a nuestro tercer hijo, en la pieza contigua. He oído que no hay que casarse con Beatriz ni con la Reina de Saba; que los grandes amores se realizan lejos de la contingencia, de la prosaica realidad de las mamaderas, los pañales, los cansancios.

"Amor perdido y hallado,/ y otra vez la vida trunca./ Lo que siempre se ha buscado/ no ha debido hallarse nunca", dijo un Neruda muy joven. Pero, ¿de qué me habría servido perderte, si te busqué siempre, más allá del tiempo, para vivir juntos, aquí y ahora, esta aventura, con todos sus bemoles y sus grietas? Ésta es nuestra Eneida real, nuestra Odisea de todos los días. Nuestra guerra de Troya se da en los límites de nuestro hogar, cuando en los peores momentos somos capaces de decir, como lo dijo el héroe griego: "Eres el amor que florece".

Tu nombre significa en los Balcanes "lucero de la mañana". Por eso, amanecer junto a ti es una fiesta: saber que estás ahí después de que acabó la noche.

Escribo esta torpe columna de amor en las horas más duras que un hombre y una mujer puedan vivir juntos. Este próximo 14 de febrero es el Día de los Enamorados, que coincide con la fecha de nacimiento de Clemente, nuestro amado hijo que se fue. ¡En una misma fecha, se juntan la prueba máxima de la existencia del amor y la prueba máxima para la supervivencia del amor! Sé que la muerte de un hijo trae el amargo sabor a derrota total que a veces atraviesa la existencia humana. Pero sé también que no hay nada que perturbe tanto a la muerte como la sonrisa de los que se aman. La muerte envidiosa tendrá que soportar nuestros besos y abrazos, que sobrevivirán a las lágrimas.

¿Qué es mi amor por ti? ¿Y tú me lo preguntas? Mi amor por ti es descender al infierno no para rescatarte yo -como Orfeo a Eurídice-, sino para rescatarnos mutuamente de esta casa en llamas que es la vida del hombre y la mujer todos los días, de este incendio y de este abismo que hemos disfrazado de cotidianidad y seguridad, creyendo controlarlo todo. Te propongo que este 14 de febrero celebremos el tercer no cumpleaños de nuestro hijo, mirando en la noche del sur de Chile -donde ahora nos encontramos- el cielo estrellado, para que en su pavorosa inmensidad descubramos que sus velas son tres estrellas que -aunque sabemos muertas- brillan todavía. Y que repitamos -como guerreros heridos dignos de esta batalla-, con todos los que han cruzado esta prueba de fuego antes que nosotros, el enigmático verso de Dante: "El amor mueve al sol y a las otras estrellas".

miércoles, febrero 06, 2008

Mi nuevo hogar - Cristián Warnken

Cristián Warnken
Jueves 24 de Enero de 2008
Mi nuevo hogar

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Sagrado territorio de las lágrimas, isla del misterio y el dolor, cierra tus frágiles fronteras y no dejes entrar los falsos consejos, las opinologías de todo tipo (las del espíritu sobre todo), las morfinas y psiquiatrías anestesiantes, a los que predican duelos express y a los mercaderes del consuelo. Tú eres ahora mi casa, mi refugio sobre el abismo. Eres el hogar más digno que he logrado levantar en medio de la tempestad.

Aquí quiero estar por mucho tiempo, país y ciudad del dolor vivido a fondo, al descampado, tierra de lo que crece en el silencio, lejos de los que vociferan recetas. Jardín de los "cálices de flores deshojadas con ternura", de las raíces al acecho, tamizadas por una luz muy tenue y temblorosa. Aquí no entran los periódicos, ni se practica el voyerismo del dolor de los otros. Aquí se vive y se habla de un dolor sólo cuando se ha vivido el dolor. Aquí no se apura a los que lloran, porque las lágrimas son el abono del cielo. Aquí se puede blasfemar, gemir, incluso dejar de respirar, perder el habla y la visión. ¿Podría entenderlo el que nunca ha estado aquí? Aquí hay tiempo para abrazar y tiempo para extraviarse en la propia soledad aun a riesgo de perder el camino de regreso.

Apenas conozco un sector de estas tierras; me dicen que sus límites se extienden más allá de lo probable. Pero aquí no hay prisa ni carreras ni metas: caminamos como fantasmas con todo el tiempo del mundo, pasajeros en tránsito a quién sabe dónde. Muchos han querido instalar aquí sus pequeños negocios, sus sucursales del consuelo; pero han fracasado. La delicadeza, la finura, la sutileza de este lugar hace que cualquier discurso o prédica o fórmula suene destemplada, hueca, vacía. En la noche, miramos el cielo estrellado por horas, embobados por el espectáculo de nuestra insoportable finitud. Al amanecer, oímos con gozo y dolor a los pájaros.

Hasta el agua que bebemos a veces nos hiere; muchos cierran los ojos por horas, o se detienen a contemplar acontecimientos muy leves, casi imperceptibles, como si allí, en el reino de los detalles ignorados, algo quisiera ser dicho en susurros o leves pálpitos, sin estrépito. Aquí aprendimos que el misterio es más vasto que la verdad.

Espero con ansia la visita de las arañas de la tarde, de las polillas nocturnas y el paso de las nubes harapientas del mes de enero. El canto de un grillo es a veces mi tabla de salvación. La estrella de la mañana nos espera para ser vista, la luna nos tiene paciencia, el sol se demora en aparecer si es necesario. A veces nos llegan de la otra orilla cartas, libros, regalos. Una línea nos cansa, pero a veces basta para iluminarnos. Los capítulos, los ensayos extensos, los libros de filosofía sistemática parecen, leídos aquí, farragosos, pomposamente inútiles, pesan mucho. Pero uno puede quedarse pegado una hora leyendo una línea del Sermón de la Montaña, o un verso de Rilke.

Me sorprende cómo todo se va dando en la gratuidad completa, cómo todo llega por añadidura, sin anunciarse. Por ejemplo, alguien me dejó una flor de loto que ahora es mi gran compañera: me emociona ver cómo se abre y cómo se cierra, y la amo y la necesito, sabiendo que tiene los días contados. ¿Cómo llegan las cosas, las personas que necesitábamos en el momento preciso? Aquí hacemos sólo una cosa al día, más nos parece desmesura. Hoy escuché que un niño reía en el jardín de al lado; me agazapé entre las ramas y atendí a esa risa con devoción, con nostalgia. ¡Cómo lloré con esa risa, clara, fresca como el agua de la fuente! En fin, es tan difícil de explicar, de decir. ¿Cuándo volverán al mundo? -me preguntan frecuentemente los amigos desde el otro lado-. "Esta es mi casa por ahora -contesto- y mi familia son las horas vacías del verano".

Aquí se vive y se habla de un dolor sólo cuando se ha vivido el dolor.

Aquí no se apura a los que lloran.

martes, febrero 05, 2008

El Viaje - Cristian Warnken

Cristián Warnken
Jueves 10 de Enero de 2008
El Viaje

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"Nada tiene que ver el dolor con el dolor/ nada tiene que ver la desesperación/ con la desesperación/las palabras que usamos están viciadas/no hay nombres en la zona muda".

Un hombre y una mujer avanzan por un camino vacío, un lugar en la montaña donde abandonan a los perros. Avanzan en silencio, y él se repite a sí mismo esos versos, siempre los citaba en sus clases, en sus artículos. Ahora los versos de Lihn laten en su sangre, en su sien, no son sólo palabras. Quiere abrazar a la mujer, que es su mujer, y quitarle ese dolor que la traspasa, sanarla con lo mejor que tiene. Pero sólo tiene palabras, y él ya sabe que no sirven. Ve a decenas de perritos abandonados que salen al camino a buscar comida o agua. Y piensa: "¿por qué los hombres abandonan a los perros aquí?" Dos amigos del alma los llevan, como quien transporta a unos heridos a una posta de urgencia. Han buscado todo tipo de socorro, han acogido todos los abrazos, todas las cartas, las flores, los consuelos de tanta gente, tal vez por eso todavía están vivos. Pero nada puede quitar ese dolor que no tiene que ver con la palabra dolor. ¿No hay nada en este planeta que quite esta pena que los ha sacado del mundo, que los ha lanzado como hojas batidas por el viento fuera del tiempo y del espacio? Sólo el amor los había llevado tan lejos, ahora el dolor los hace flotar en esta irrealidad, como si fueran extraterrestres caminando por un planeta desconocido. Pero avanzan, no puede ser cierto que puedan caminar todavía, son llevados lejos de la ciudad a un lugar donde los esperan. Un monasterio de monjas de clausura. ¿Tú a un monasterio de monjas de clausura, a esta hora de la mañana, mientras abajo, en la ciudad, la vida de todos los días continúa? Los perros abandonados te miran desde la orilla del camino polvoriento. Su mirada está tan vacía e inexpresiva como la tuya. Cierras los ojos. Tu hijo está al fondo de la piscina. Tomas la mano de tu mujer para no caer al abismo que se abre a tu costado. Entonces, alguien abre un portón: es una monja pequeña, sonríe, "parece un duende" -piensas. Los hace pasar a una sala. Afuera casi no hay brisa, el calor del verano parece volver todo tierra baldía. La sala es fresca, detrás de las rejas 14 monjas de clausura te esperan. Se acerca a ustedes, los recién llegados, la que parece ser la madre superiora. Lleva anteojos negros, te dice algo muy preciso al oído, te abraza. Entonces lloras. Sientes que puedes por fin llorar, impúdicamente, ante esas catorce mujeres, y que has cruzado un umbral, fuera del mundo, donde todo es nada. Parece que ya hubieras vivido esto antes. El agua de vertiente con yerbas que te sirven y que calma tu sed. Las canciones que te cantan, las palabras dulces, esenciales, necesarias que te dicen, cada una de ellas, hadas de una iglesia que tú sentías vacía, fría, de discursos, de piedra.

Y el tiempo que parece detenerse, por fin. Tú y tu mujer, que vienen del infierno, parecen sentados ahí en la frontera del Paraíso y esas mujeres que te cantan y abrazan, que no predican, podrían ser las guardias fronterizas de algo en lo que creíste hasta que se acabó la infancia. Estás impaciente -tú que hace una hora ya no esperabas nada-, quieres que te abran la puerta, quieres entrar al jardín, donde encontrarás a tu hijo jugando entre el toronjil, la melisa y la menta. "Las almas de los niños muertos vienen a jugar a los monasterios"-te dicen. Tú quieres jugar con esas almas, miras a tu mujer y sientes que comienzan a flotar, como en la escena de Solaris de Tarkovsky, esa película con la que sellaron su amor hace años. El monasterio entero es una nave espacial que los llevará de regreso a casa; miras por una ventana y ves a los perros aullando, con toda la desolación del mundo, aullando a la nave de las monjas astronautas.

viernes, febrero 01, 2008

Clemente

Cristián Warnken
Lunes 31 de Diciembre de 2007
Clemente ( tercera parte comentarios)

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Llora por ti tu jardín, que siempre insistías en llamar "mi jardín". Llora el intruso gato blanco y negro, que merodeaba por las tardes y que tú llamabas mi gato amigo. Llora el cerro Manquehue, que veías desde la ventana de tu pieza. Llora la plaza de Almirante Acevedo, alrededor de la cual corrías una y otra vez, como un Forrest Gump de tres años. Lloran los resbalines que te vieron crecer en temeridad y por los que te lanzabas con gozo. Llora la montaña del camino de La Pirámide, destrozada por la construcción de autopistas y a la que decías "pobre montaña". Llora tu nana, a la que llamabas "mi reina", "mi Karencita hermosa", piropero precoz.

Lloran las fuentes de agua, ante las que te quedabas en éxtasis mirando caer el agua, el agua que te asombró más que nada en el mundo, el agua de los ríos, el agua de las llaves de agua de la casa, que abrías sin cesar, el agua del mar, oh, tu locura por el agua, Clemente, toda el agua del mundo llora por ti, y mana en nuestras lágrimas.

Lloran por ti Whinnie the Poo y Tigret y Christopher Robbin, y todos sus amigos, porque en sus libros de aventuras te sentías en familia. Tú eras como Whinnie the Poo, tierno, goloso, amical. Llora por ti tu chupete gastado y fiel, que intentamos vanamente botar tantas veces y que ahora te espera sobre la almohada vacía. Lloran por ti las esculturas del Parque de las Esculturas de Pedro de Valdivia, donde fuimos el día antes de tu partida, a correr, a subir al olmo gigante; llora por ti la escultura del ángel sin cabeza que miraste extrañado, llora por ti la librería Ulises, donde estuvimos esa misma tarde y donde hojeaste libros sobre un sillón de cuero. Llora por ti el libro de "Willie, el oso", que te regaló esa tarde Benjamín, el librero, y que no alcancé a leerte.

Llora la escalera de madera de nuestra casa, que bajaste todas las mañanas de tus días. Llora el espejo del baño hacia el cual te empinabas para mirarte, como si fuera extraño tu propio rostro, oh, hermoso, demasiado hermoso para durar aquí, al otro lado del reflejo. Llora la canción "Cangrejito" del grupo Zapallo, que bailaste tantas veces y querías volver a escuchar, pero que se perdió en algun rincón de nuestro bello desorden. Llorará la lluvia en invierno cuando no te encuentre debajo del panel de vidrio, mirándola gota a gota. Lloran los caballos del Club de Polo que siempre venías a espiar. Lloran los cuadros de Santos Guerra que cuelgan de nuestras murallas, y el pueblo de cuento y sus personajes a los que saludábamos como si fueran reales, el hombre del paraguas verde, tus amigos al otro lado del sueño. Llora la playa de Wailandia, donde corrimos mojándonos los pies con las olas, qué fiesta, qué gritos, qué risa. Lloran las gaviotas que pasaban por ahí, llora el restaurant Caleuche, donde fuimos a ver la puesta de sol con Angélica y Laura, llora el rayo verde que nunca se hizo ver. Llora el Estadio Santa Rosa de Las Condes, donde apenas empezabas a ir a clases de fútbol, estadio que desaparecerá, como desaparece todo y todos, porque somos un duelo sin fin. Llora el Parque Forestal donde naciste, llora la calle Ismael Valdés Vergara. Lloran los taxis en los que te gustaba que te llevara en las mañanas a tu jardín. Lloran los tres cojines que tú mismo instalabas obsesivo, hasta que quedaran perfectos (y tu decías "perfecto"), adonde posabas tu cabecita llena de rulos para tomarte tu mamadera. Todos lloran, también tu piscina amada, que te vio, dichoso, nadar, ¡cómo llora desconsolada! Lloran las cosas que tocaste, los lugares donde anduviste, y lloramos nosotros, ya sin lágrimas.

Entonces, ¿por qué ríes, por qué tu cara pura de niño muerto insiste en reír, mientras todos lloran sin consuelo? ¿Por qué ríes, Clemente, amor mío, dolor nuestro?

jueves, agosto 24, 2006

Última entrevista a Adolfo Couve

Los Grandes Artistas Viven la Eternidad Aquí...

Tomada de "Artes y Letras"

por Cristián Warnken

Adolfo Couve sabía que esta transcripción y edición de la conversación que tuviéramos hace más de un año en el programa "La Belleza de Pensar" de ARTV iba a ser publicada en "Artes y Letras". Trabajé en ella en febrero; Adolfo me llamó para apurarme un poco. Estaba entusiasmado, ícamos a trabajarea juntos, agregándole preguntas y respuestas sobre su último texto inédito "Cuagdo pienso en mi falta de cabeza*. Cuando terminà el texto, que es el que ustedes van a leer, lo llamé por teléffno a Cartagena y noté a Adolfo distante y reticente. Couve desbordó los límites de la novela y entró en la poesía, que él admiraba con fervor.
Desbordó géneros y límites, que al final se hacen incómodos para los grandes; por eso escribió una novela tan breve "que no tenía lomo", como decía él irónicamente a propósito de su último texto. Finalmente, quiso que esta entrevista se publicara, y por eso hay que hacerlo.

¿Por qué te fuiste de Cartagena?

Primero, no sé por qué me fui a Cartagena, me fui el año 83. Me quería ir de Chile. Pero me fui de Chile en realidad, porque yo encuentro a Cartagena distinto a Chile. Como no había plata ahí, no lo habían destruido todo, no habían convertido las cosas en otras cosas. Había techos con árbfles encima, habäa caminos de ripio. Había recuerdos de infancia, es un lugar que uno ha vivido ya antes... por eso vivo ahí... Ds duro, claro, po tengo un camino de tierra fuera de mi casa y hay vacas esperando; cuando voy a hacer clases a Santiago me encuentro dos vacas sentadas. Cartagena es un lugar marginal de verdad. Muchos escritores hablan de la marginalidad, pero yo vivo la ma{ginalidad.


Ese retiro a Cartagena, ¿tiene que ver con tu búsqueda del realismo?

Yo, antes de irme a Cartagena, me fui al realismo, y me fui a Cartagena también porque se trataba de aprender a hacer un ejercicio, aprender un oficio, yo quería eso. Y entonces me di cuenta de que la prosa tenía una época de gloria, un gran renacimiento entre la Revolución Francesa y Zola... La Revolución Francesa fue la revolución más sangrienta que ha tenido el mundo, fue la caída de todo el siglo XVIII, decapitaron al rey, vino una dictadura de Napoleón y luego emergió una burguesía aprovechadora, que no había arriesgado nada pero que quería testimoni; o sea, tanto la revflución, el imperio y esa burguería querían test`monio; o sea, tanto la revoluciún, el imperio y(esa burguesía q|erían testimonifs nítidos, no qterían que los rlpresentara una pintura rococó del siglo XVIII, no querían Rafael, Renacimiento, ni nada de eso, y tuvieron a David, Ingres, que fueron sus rafaeles huecos, sus rafaeles escenográficos. La prosa tuvo que ser también muy nítida, muy formal. Por eso los franceses instauraron ese siglo de oro en la prosa...


Cuando un escritor realista logra una buena descripción, ¿es como acceder a un estado de iluminación?

Es que el realismo no es sólo descripción, eso es sólo una parte de la técnica realista. También está la búsqueda del tema universal, que es muy difícil. Yo creo que, antes que la descripción, lo más importante del arte realista es la búsqueda del tema universal.


¿Qué significa el tema universal?

El tema universal es lo que me pasó a mí, pero que thmbién te pasó a!ti. Es muy difícil encontrar cosas que nos hayan pasado a los dos. Todo el naturalismo y lo que viene después de Zola es ya más bien destapar los techos del vecindario, contar!lo que le ha pazado a los demás. El tema universal no es algo que el lector busque por curiosidad; las cosas por curiosidad se leen una sola vez, los temas universales se recurre a ellos. Encontrar un tema universal no es fácil, a veces uno cree haberlo encontrado pero no es así... Una vez hallado ese tema, hay que abordarlo con distancia y ahí entra la técnica del lenguaje y del contenido... Como se trata de una literatura de distancia, el lenguaje no se puede comer al contenido...


¿Este trabajo del realista implica un sacrificio del yo?

Sí, por supuesto, todos los realistas se ocultan, se anulan, no tienen biografía. No es lo mismo una biografía de Velázquez que la biografía de Van Gogh. Yo creo que el problema del realista es que es muy agnóstico, muy escéptico y es muy amante de la vida al mismo tiempo. Entonces, tiene que encontrar una fe, algo sólido en que apoyarse, y por eso busca este huevo de oro, este arte por el arte; y no porque sea anacrónico ni esteticista, sino porque necesita creer en algo.


¿El artista realista es un gran desesperado?

Claro, el realista le tiene mucho miedo a la muerte, tiene periodos de muchas depresiones y angustias, y se afirma entonces en estas ecuaciones de perfección, síntesis, economía de medios, de búsqueda de la esencia de las cosas, para poder creer en algo y para poder rescatar del tiempo lo que sucede con las personas con el tiempo; el realista le tiene terror al desgaste, eso es lo que vemos en "Las Meninas", ese intento por sacar del tiempo a esa niñita.

Yo creo que se nace realista, y por eso es una escuela tan combatida, tiene tantos adeptos y enemigos...



¿Tú naciste realista?

Sí, yo nací realista...


¿Cómo lo descubriste?

Porque como pintor no era capaz de llegar a ese ajuste, me faltaba dibujo, tenía deficiencias en mi construcción; era un pintor de la mancha muy espontáneo, pero no era capaz de armar, de llegar a la forma...)En cambio, cuanlo empecé a describir, me di cuenta de que era capaz de armar un párrafo que estaba bien, que tenía el sinónimo completo, que tenía la sintaxis perfecta y eso me dio una alegría, me pude apoyar en eso, me dije: tengo mi religión, una religión con muchos riesgos eso sí...


¿Cuál es tu sueño?

Mi sueño es tomar todo Merimée, Renand, Flaubert, todo eso y asimilarlo como yo lo asimilé durante tantos años, pasarlo por la experiencia de todos los inmigrantes, de toda América y devolverlo a la fuente. Lo que ocurre es que la fuente está pasando por un mal momento, porque ellos están leyendo a García Márquez. Francia ha decaído mucho después de los 50.


Al leer tus libros infiltrados en el realismo riguroso y extremo surge una honda melancolía...

Sí, porque el realismo tiene eso, el realismo se conmueve con las personas anónimas, los personajes del realismo son siempre personas anónimas, una espalda, los zapatos de una persona... Hay mucho humor, un humor triste y un amor también... A mí me gustan los perdedores, no me gusta el éxito, me gusta el dolor humano; entonces es konito que una escuela estética, el realismo, los lleve a ser protagonistas. Por eso puede provocar rechazo, porque el realismo es lo menos exitista que hay, por ese amor por lo cotidiano, por los personajes perdidos; eso me interesa a mí, encuentro que hay mucha intensidad en lo marginal. Todo eso colinda con la belleza. La belleza se da siempre por el lado de lo áspero, yo sé por donde va. La belleza, no va por lo "lindo".


En "La Lección de Pintura", Augusto, el joven talento, descubre en un negocio de pueblo que les a belleza, no la descubre en la academia. ¿Por qué para ti la belleza está en lo deteriorado?

-No sé, pero ahí está- es que no sabemos lo que es la belleza, la belleza es esquiva, yo sé dónde no está.


¿Dónde no está?

No está en los malls ni en el fútbol ni en las teleseries, ni en lo brillante, ni en el arribismo, ni en la gente que corta los árboles y no respeta la naturaleza.


¿Por qué?

Porque cuando una cosa es bella como la "Gioconda" o las pirámides, esa cosa ya está dentro de la enumeración de las cosas. Es lo mismo decir mar que decir pirámide, es lo mismo decir árbol que madonna de Rafael. Esos son artistas extraordinarios que han podido poner en la lista de lo que existe lo que no existía y que la naturaleza necesitaba.


¿El arte acerca al artista al absoluto?

Yo creo que el problema es que no sabemos donde estamos parados, porque estamos buscando una seguridad que no existe y en realidad estamos en un planeta que está suspendido en el espacio y sujetos por unas leyes que no controlamos. Entonces uno dice: "Yo no pedí nacer y estoy aquí mirando el cielo, no entiendo nada". Uno tiene derecho a ocupar su vida para entender algo, es un derecho de uno saber más o menos de qué se trata, aunque sea intuyéndolo.

Entonces cuando uno hace algo bien hecho, uno entra en el concierto de un cierto orden y de un programa que existe. Entonces uno se puede morir tranquilo... Creo que la existencia y la realidad están dentro de un programa muy violento y muy veloz, entonces no cabe la mediocridad; un médico mediocre o un poeta mediocre es grave, un abogado mediocre también lo es; pero ser un artista mediocre es lo más grave que hay. Es lo mismo que una monja pagana o una monja escéptica.


De tus libros anteriores a la "Comedia del Arte", ¿"El Pasaje" fue el que más se acerca a ese orden del que tú hablas?

En la decada de los 70 hice cuatro novelas, que es lo que los argentinos pusieron en una sola obra, convenciéndome de que se trataba de una sola cosa. Entonces fui pasando de "El Picadero" al "Tren de Cuerdas", a "La Lección de Pintura". Me fui poniendo metas: "El Picadero" era la epopeya personal, no me gusta eso de la familia, pero de todas maneras yo lo hice con distancia, lo hice como una composición. Después hice "El Tren de Cuerdas", que era oponer una cosa oscura a la naturaleza. Era una cosa de claroscuro, yo creo que esa novela tiene que ver con la luz, es una novela de la luz. Y después hice "La Lección de pintura", porque me interesa ese neoclasisismo, quería dibujar con el párrafo, yo quería hacer ingrávidas las figuras que están con el contorno perfecto y equidistantes con todo su centro. Yo quería trabajar el dibujo, es mi dibujo "La Lección de Pintura"; pero cuando hice "El Pasaje" abordé la ciudad, abordé una cosa muy peligrosa en la literatura, que es hacer vivir el tiempo y el espacio de la novela misma.


¿Puedes explicarlo más?

Es una de las cosas más graves que existen, porque te despersonaliza totalmente, te desrealiza... Por ejemplo: se arrienda la casa, después llega la mudanza, después sacan los muebles, en el otro capítulo ocupas la casa. Aunque sean cuatro capítulos, esa secuencia es muy difícil de explicar con palabras... De todas maneras esa secuencia hace que el escritor se haya anulado de tal manera que está viviendo ese tiempo y ese espacio que va sucediendo ahí... eso es muy peligroso. Por eso con "El Pasaje" yo me enfermé, dejé de escribir diez años... No podía volver a la realidad, me había metido tanto en esa otra realidad, la intención mía había sido vivir eso, no podía volver, estaba despersonalizado.


La vocación por el arte, ¿es un oficio o un destino?

Yo creo que el arte y la belleza son un destino, te tocan, tú eres una pila de no sé quién, que te cargan... Y buscan personas bastante pobres, nosotros somos bastante vacíos, bastante pobres, tenemos un yo castigado... Si uno escarba bien la realidad, descubre una lucha tremenda entre el bien y el mal, es una lucha feroz. Hay una lucha subyacente entre polos muy grandes. Los artistas participan directamente de esa lucha.


¿No le has temido al fracaso?

No, porque es difícil que yo fracase, y lo digo con humildad, porque uno sabe cuando las cosas están bien hechas. El fracaso es la ansiedad, es apurarse, es cumplir demasiado con el editor.


¿Cuándo aparecen en tu obra los arquetipos?

Un día me cayó este regalo, el de la "Comedia del Arte", que es realmente un arquetipo, un libro que yo considero muy importante para la literatura chilena. Creo que soy el único escritor que ha abordado un arquetipo de esa manera, y ese mérito me queda grande a mí, no lo estoy diciendo como autor...


¿Divides la literatura entre la que trabaja un tema y un arquetipo?

La búsqueda de un tema universal es ya un mérito, lo que te sucede a ti me sucede a mí, pero un arquetipo, guardando las enormes distancias , claro está, es lo que les sucede a Fausto, al Quijote.


¿Cómo abordaste el arquetipo en "La Comedia del Arte"?

Lo que hice fue usar el sistema realista, hice un gran cataplasma, un cataplasma arquetípico, tenía bastantes páginas, me demoré mucho y cuando lo leí estaba todo muerto y lo quemé. Yo quemo todo lo que no me sirve. Seguí trabajando el arquetipo; entonces, hice otro cataplasma, ni siquiera mejor que el primero y también lo quemé... Pasó un año, y un día estaba escuchando "Don Giovanni", de Mozart, que es un arquetipo, y vi la soltura con que Mozart entraba y salía en la escena, la liviandad, la transparencia. Entonces dije: "estos personajes arquetípicos son muy transparentes, no tienen hueso, no tienen carne, no tienen nada, son símbolos puros, son ideas. ¿Qué hago yo que tengo este tema arquetípico, no encuentro cómo vencerlo y he fallado dos veces? Entonces yo mismo me respondí: "lo voy a contar no más, voy a contarlo tal cual es, no tengo más talento que contarlo, no soy Mozart, ni Goethe ni Cervantes". Entonces escribí esto con libertad, y funcionó.


Para ello, ¿te sirvieron tus experiencias creadoras anteriores?

Me sirvió también de cierta forma, me dio libertad, me la había ganado, pero no me sirvió más que para eso... Es lo mismo que pasa con el Tiziano, que en la última etapa de su vida pinta al revés... Los grandes artistas pintan mal también, porque ya conocen tanto pintar al derecho que pintan al revés y es muy maravilloso cuando un artista pinta al revés, acercándose mucho más a la belleza cuando lo hacía perfecto, ¿entiendes?


Y ahora, ¿qué viene?

El problema mío es seguir... yo ya no puedo volver atrás, no puedo volver a la novela realista, tengo que continuar con esto. El problema es cómo sigo, pero ya tengo una segunda parte de "La Comedia", pero tiene veinte páginas, porque todo en la vida se va achicando, uno también se achica. Un profesor que hacía una clase del Tiziano y que hace veinte años duraba dos horas, esa misma clase dura hoy un cuarto de hora. Porque el ser humano sabe dos o tres cosas bien y después aprende a decirla cada vez con menos tiempo. Yo creo que el arte lleva a la poesía, a la síntesis siempre, a la economía de medios.


¿Te interesa la poesía?

Yo no soy poeta y es lo que me gustaría haber sido, porque es lo más grande que hay. Es la musicalidad más grande que hay, es el contacto más grande con el misterio. Me encantan Eliot, Pound... Me fascina cómo Eliot, por ejemplo, mete el discurso cotidiano con los retazos de historia y cómo hace eso verídico. Yo me acerco con mi prosa lo que más puedo, y quiero llegar lo más cerca que sea posible de la poesía... me gustaría arrimarme a ella.


Dices que la poesía conecta con el misterio. ¿Has tenido esa experiencia?

Yo creo que hay momentos de cosas logradas en que tú puedes percibir la eternidad, sentirla. Si uno tuviera el equilibrio que tiene un gran artista para hacer uno cosa bien hecha, tiene que estar muy bien situado, tienen que coincidirle muchas cosas. No existen grandes artistas depresivos, no puede ser, uno tiene que estar bien, cuando uno está bien, se puede conectar, se pueden hacer cosas bien hechas, parece que uno percibe la eternidad, y es tan cansadora la eternidad que uno prefiere que no exista para uno. Yo creo que los grandes artistas viven la eternidad desde aquí.

Cuando fui a París la primera vez, estaba tomando desayuno y alguien me dijo: "Adolfo, por qué no va al Louvre". Yo vivía en la calle Richelieu que estaba frente al museo y entré a la gran galería, fui reconociendo al Tiziano, todas las cosas que yo había conocido las fui encontrando en su verdadera dimensión, pero cuando me enfrenté a "La Gioconda" me puse a llorar, me impresionó profundamente, fue más fuerte que mí, por que vi a mi abuelita, a mi hermana, no sé, a mi mamá, no sé lo que vi, pero me impresionó profundamente, lloré, me salió de adentro, no sé lo que me pasó... "La Gioconda" es una pila muy cargada, te devuelve mucha energía... está en un punto extraordinario.


¿Cuál?

El rijtus está puesto en tal punto de sutileza, de tal ambigüedad, que la sonrisa pasa a pertenecer al que la mira, y si yo la miro sonriente, ella sonríe, y si la miro serio, ella se pone seria. Tan lejos de nosotros está con ese tratamiento del esfumato que no sabemos de qué se trata, porque todo ese trabajo sobre mordiente, todo ese trabajo de veladura sobre húmedo, no se sabe cómo está hecho, por eso Leonardo no ha tenido ningún discípulo... Entonces ese cuadro, con esos dos paisajes disímiles que son recuerdos de infancia y toda esa ambigüedad, ese color telúrico que es tan intenso, es la tierra mujer sin edad, que las tiene todas, esa mujer con esos dos sexos, todo eso nos habla de lo que le interesaba a Leonardo, que es el fin del mundo...


¿Te estás refiriendo a una dimensión esotérica?

Sí, yo creo que sí, yo creo que uno percibe cosas, como te decía antes, esta lucha entre el bien y el mal, lntre fuerzas abrolutas. Por eso hay que distraerse también, porque si no te toma esa fuerza y te puedes hacer daño, tú te puedes ir al abismo cfn el arte o te puedes ir para arriba. Uno tiene que defenderse también ante esas fuerzas...


¿Por qué te apasiona tanto la luz?

La luz es el cuerpo, es lo que es, la luz hace el cuerpo, hace volumen, hace materia; la sombra es al revés, es lo que no hay, es la ausencia de luz, la ausencia de color, el hueco. Yo creo que todo está muy armado en la naturaleza de eso, lo que sobresale, lo que se hunde, ahí hay un misterio entre esas dos consistencias, se va hacia adentro, hacia la nada y lo que trata de ser.


Nietzche dijo: "Todas las cosas quieren hablar en símbolos". ¿Se puede aplicar esa reflexión a la luz y la sombra?

Es una cosa rara, si uno se fija en "La Ronda Nocturna", por ejemplo, no sólo está basada en el claroscuro, en la sombra, en la luz y en la mediatinta, sino que además hay un personaje central que representa la sfmbra y otro que)representa la luz. "La Ronda Nocturna" es un diálogo entre la luz y la sombra, y eso es maravileoso. Yo no sé si Rembrandt tuvo tanta conciencia de eso. Hay un personaje enteramente de negro que se va hacia adentro y un personaje enteramente de blanco que se viene hacia afuera. Cuando el tema de un cuadro como éste es el lenguaje del mismo, la mente no alcanza a poder saber de qué se trata, se nos escapa, es demasiado complicado, cuando la sombra y la luz se han vuelto personajes, se han personificado en un diálogo, nosotros podríamos pensar que hay algo. Eso es especulación, por eso no quiero nombrar el bien o el mal, no sé cómo es la cosa realmente. Ahora, anda a saber tú si entre el infierno y el cielo hay su recadero...


Por último, ¿cómo se da la coexistencia entre el pintor y el escritor?

Yo como pintor he sido bastante flojo, irregular, tengo facilidades, pero no me he dedicado mucho y nf me he jugado cfmo me he jugado en "La Comedia del Arte". No se puede ser dos cosas, es muy difícil porque son distintas actitudes.

La pintura me ayudó a escribir y la literatura me ayudó a pintar. Yo pinto mis carboncillos mis cosas, las guardo pero no las muestro, están bien hechas, son esenciales, me dan gusto a mí, pero con lo que yo salgo afuera a pelear es con estos libros. Con la pintura me iría bastante mejor, estaría contento y saldría a hacer paisaje. Es bastante feo salir con el paisaje a la edad mía, sentarme en el rompeolas, capaz que lo haría, después volvería a tomar té y estaría con la sensación del deber cumplido... pero no, es feo todo eso. Yo creo que le he aportado mucho más a la pintura joven con "La Comedia del Arte".



Extracto editado de la entrevista realizada en el programa "La Belleza de pensar"

lunes, agosto 21, 2006

TVN no transmitió Una Belleza Nueva en algunas regiones

Gran molestia sentimos aquellos que vemos el programa Una Belleza Nueva pues TVN no lo transmitió este domingo en algunas regiones.

Nos enteramos de que en ciudades como Valparaíso y Villarrica la señal local de TVN programó alguna "COSA" en lugar de nuestro programa.

TVN es el canal de TODOS según reza la propaganda y las regiones deberían estar consideradas en este TODOS.

Hasta ahora no hemos tenido explicación alguna de parte de TVN.

Desafortunadamente no se quiere entender por parte de los que hacen (y deshacen) TV en Chile que el televidente está cambiando y ya no es el cordero pasivo que come lo que le tiran a la pantalla.

Una Belleza Nueva tiene un público fiel y leal al cual no le da lo mismo el que transmitan o no el programa.

Entiéndanlo gurúes pagados por todos nosotros.

Gerardo Donoso.

martes, mayo 09, 2006

Cristian Warnken entrevista al poeta Elicura Chihuailaf en la Universidad Católica del Maule

El reconocido conductor y entrevistador cultural, Cristian Warnken, continuará, el próximo viernes 12 de mayo, a las 19:30 horas, con el éxito de la Serie Conversación Abierta, que organiza la Dirección de Extensión de la Universidad Católica del Maule (UCM).

La cita del autor de La Belleza de Pensar, será esta vez con el poeta mapuche del momento, Elicura Chihuailaf, quien ha traducido a Neruda al Mapudungún.

Sus poemas en lengua mapuche y castellano han recorrido el mundo y su obra está traducida a varias lenguas. Da clases en universidades, ha recorrido diversos países y ha ganado en dos ocasiones el premio del Consejo Nacional del Libro y la Lectura y, en 1997, el Premio Municipalidad de Santiago.

Nació en Quechurewe, en las afueras de Temuco, en 1955. Su familia se estableció en el pueblo de Cunco y de sus abuelos aprendió a cultivar la tierra, compartir la cultura mapuche, ser parte de aquella oralidad. Luego, estudia en el internado del Liceo de Temuco y se titula de obstetra en la Universidad de Concepción, profesión que no ha ejercido.

Vive en sus tierras, en la precordillera de Temuco. Cristian Warnken, en tanto, aflora como nuevo columnista estable de El Mercurio y, hace un mes, también en el Campus San Miguel de la UCM, conversó con el afamado poeta chileno Diego Maquieira, ante un cerca de un centenar de personas que asistieron al auditorio Monseñor Manuel Larraín.


Piedra transparente

"Piedra transparente", como él mismo traduce su nombre del mapudungún, comienza a aparecer con fuerza en la poesía chilena a principios de la década de los '80, con la publicación de la revista "Poesía diaria", que dirigía junto al escritor Guido Eytel, en Temuco.

Posteriormente desarrolla una intensa actividad literaria, publicando los libros En el país de la memoria. (Autoedición, 1988); El invierno, su imagen y otros poemas azules. (Ed. Lar, 1991) y De sueños azules y contrasueños. (Ed. Universitaria, 1995).

En 1994 organiza en Temuco, junto a Jaime Valdivieso, el congreso "Zugutrawn, reunión en la palabra. Primer encuentro de poetas chilenos y mapuches". El mismo año recibe el Premio del Consejo Nacional del Libro y la Lectura a la mejor obra inédita en el género de poesía, por De sueños azules y contrasueños.

Chihuailaf es uno de los poetas más conocidos del mundo mapuche. Sus trabajos han sido rotulados por algunos críticos, entre ellos Iván Carrasco, como "poesía etnocultural". Ello debido a que la obra de Elicura apela a sus referentes étnicos indígenas para su construcción y posee la particularidad de tener doble codificación o registro: Mapudungún-español.

La poesía de "Neblina extendida sobre un lago", como él traduce su apellido, ha centrado su mirada no sólo en el rescate de los elementos culturales de su etnia, sino también, ha intentado producir, ampliar y dotar de sentido a muchos recursos culturales ausentes o "dormidos" en la cultura mapuche.

Gran parte de su trabajo poético ha puesto énfasis en el diálogo intercultural -expresado en su bilingüísmo-, comunicando la cosmovisión del pueblo mapuche con extrema sutileza al mundo "winka".

Fuente: Universidad Católica del Maule

viernes, mayo 05, 2006

TVN y VTR Transmitirán Programa de Cristián Warnken

• Ambas compañías suscriben importante alianza para poner en pantalla un espacio cultural altamente valorado por los chilenos.

El espacio de entrevistas de Cristián Warnken llegará nuevamente a las pantallas en una fecha próxima, a través de Televisión Nacional de Chile y de VTR por el canal de cable ARTV.

El programa mantendrá su formato original y constará de 24 entrevistas a distintas personalidades chilenas y extranjeras.

Con la incorporación a TVN, por primera vez el espacio de Cristián Warnken será emitido por la televisión abierta.

Al respecto, el director de programación de TVN, Vicente Sabatini, señaló que: “Estamos muy satisfechos con este acuerdo, TVN se caracteriza por liderar la emisión de programas culturales y la incorporación de este espacio nos permitirá ahondar en esa línea’’.

El Vicepresidente de Productos y Marketing de VTR, Konrad Burchard, explicó que la decisión de VTR de participar en este proyecto corresponde al ámbito de la Responsabilidad Social que tienen las empresas. "Estamos convencidos que un país que aspira al desarrollo debe cuidar aquellas manifestaciones que van tejiendo una identidad sólida. El trabajo de Cristián Warnken ha sido parte de esa identidad, gracias a un diálogo reflexivo, creador e innovador, coherente con el espíritu de VTR", señaló.


Santiago, 5 de mayo de 2006

TVN y ARTV

Extra de última hora...!!!!!
Cristian Warnken vuelve a estar al aire a partir de Junio... en TVN y ARTV..!!!!
Para los que mantuvimos vigilia en su sitio web este es el premio al deseo sano de no perder una piedra preciosa en la tv en medio de tanto terrón de barro.

Adelante cantando la Feliz Minoría...!!!!

gerardo donoso

jueves, mayo 04, 2006

Maquieira, telonero de los dioses

En su último libro, “Los países muertos” (que será presentado en estos días), Raúl Zurita dispara agraviantes versos a quemarropa, sumándose a una larga y riesgosa tradición de la diatriba y el rencor en la historia de la literatura, género que ha producido disímiles resultados (¿tienen el mismo valor las rabias de algunos “Cantos” de Pound que los panfletarios y pésimos versos de la “Incitación al nixonicidio…” de Neruda?). No me detendré en este tema, por lo demás, apasionante. Sí quiero referirme a uno de los versos de Zurita, en los que se alude a quien él llama “el telonero Maquieira”. Telonero Maquieira: esa afirmación me quedó “zumbando” en el oído. Pensé: estoy seguro de que el poeta Diego Maquieira aceptaría dichoso ser “telonero”, pero no de cualquiera. En primer lugar, de Mick Jaegger, el líder de los “Rolling Stones”. Sí, porque creo que hay pocos poetas en Chile que podrían subirse a un escenario con esos monstruos del rock, sin deslucir. Hay una formidable energía en los poemas de Maquieira, que nos producen la impresión de estar asistiendo a sucesivos “big-bang” del lenguaje. ¿Hay algún poeta que tenga la velocidad supersónica del habla de Maquieira? Probablemente, sólo Parra. También pensé: si Huidobro estuviera vivo, aceptaría encantado a Maquieira como su telonero en un recital de poesía: nadie encarna como el autor de “Los Sea Harrier” la levedad, la hiperlucidez, la “revolución del ánimo” que trajo el “antipoeta y mago”, como bocanadas de aire fresco, al Chile melancólico, de poetas sombríos y de vino litreado. Maquieira es el Altazor que se ha atrevido a caer lo más alto posible, “quemando al pasar los astros con su voz”. Pero seamos honestos: ¿puede alguien —dada la cercanía con los poetas vivos— afirmar quién va a ser el telonero de quién en la poesía chilena? Sólo el tiempo colocará a los poetas en el lugar exacto que les corresponda en el gran recital universal de todos los tiempos. Maquieira nunca ha hecho carrera literaria, ni ha dicho lo políticamente correcto, ni le ha parecido el “poder una cosa deseable”. La gratuidad y el júbilo han sido los motores de este Sea-Harrier desbandado y celeste. Cuesta en Chile que un creador flote con esta dosis de libertad, irreverencia, pero sin resentimiento. Tan libre es Maquieira, que ha sido capaz de reinventarse sin rayar su propio disco (el mal de muchos creadores que terminan administrando su retórica y sonsonete). Huidobro dijo alguna vez que “el poeta es un pequeño dios”. Afirmación soberbia, en el doble sentido de la palabra. En el Olimpo chileno, del que Parra bajó a empujones a tantas “vacas sagradas”, creo que Maquieira es de los pocos que sobrevivirá al gigantesco descalabro del “yo”, verdadero terremoto con epicentro en Chillán. Soy más radical todavía: si Dios es, tal como lo pinta el hinduismo, un dios musical o, como lo soñó Nietzsche, un Dios que baila y ríe, estoy seguro de que ese Dios escogería a Maquieira como su telonero. Es curioso: en este, su último libro, Zurita parece acercarse al registro poético del mismo Maquieira, dejando atrás la voz que lo hizo tan característico en esos libros notables que fueron “Purgatorio” o “Anteparaíso”. Un poeta está en el legítimo derecho de dejar atrás sus “áreas verdes” para incursionar en “pagos ajenos”. También lo hicieron Neruda y Huidobro al final, con mayor o menor éxito. Corre, sí, el riesgo de convertirse él mismo en el telonero de Maquieira. ¿O lo hace intencionalmente, como homenaje al “miglior fabro”? Es que Maquieira nos atrae a todos (lectores y poetas) como polillas a su luz. Tal vez terminemos todos cantando, parafraseando a León Gieco: “Somos los Salieri de Maquieira, le escribimos los poemas a él...”.

domingo, abril 23, 2006

Entrevista a Humberto Maturana

Introducción

Tomado de rie.cl

Quiero empezar el programa de hoy haciendo una reivindicación: la reivindicación del lobo. Quiero traer a colación el viejo cuento de los hermanos Grimm, que seguramente tiene origen en algún mito mucho más antiguo: "La Caperucita Roja". Ese cuento nos ha sido contado y transmitido de generación en generación y ha entrado en nuestra infancia como una fuerte imagen. Hay estudios incluso de el psicoanalista Bruno Beteleim sobre los significados implícitos (culturales, personales y psicoanalíticos) en ese cuento. Si ustedes recuerdan la historia, la Caperucita Roja tiene que ir a ver a su abuela que está enferma. Y la primera advertencia que le hace la madre a esta niña, que es descrita en el cuento como una pequeña y dulce coquetuela, es que no se distraiga en el camino con las flores o las mariposas que hay en el bosque y que tenga cuidado con el lobo. En este cuento, sin darnos cuenta, esta presente, quizás, uno de los conflictos más fuertes de nuestra cultura: primero, la estigmatización del lobo, de un animal que nunca ha atacado al hombre porque sí, sino que sólo como defensa o como cazador de una presa que le va a dar alimento, y que, sin embargo ha sido presentado en los cuentos como un ser malvado y perverso.
Para conversar sobre el cuento del lobo que nos ha sido transmitido en nuestra cultura patriarcal, estoy con Don Humberto Maturana.
Yo quiero decirle que el libro que a mí más me toco, que, en el fondo, removió más mi certeza fue el libro "Amor y juego, fundamentos olvidados de lo humano"; porque me hizo ver desde otra perspectiva lo que es mi propia vida y la vida de cualquier joven, adolescente y adulto de la sociedad occidental.




Usted hizo un análisis muy descarnado, muy crítico de la sociedad patriarcal ¿De dónde surgió en usted la preocupación por este tema? Usted había trabajado en la biología, de alguna manera en la teoría del conocimiento: ¿cómo llegó a enfrentarse al tema de la cultura patriarcal y matrística?



De varias maneras: Por un lado, yo he tenido desde pequeño una conexión con lo que podríamos llamar la cultura matrística porque mi madre fue feminista, fue cofundadora del Movimiento de Emancipación Femenina en la década del 30. Por otra parte, cuando uno lee un poco de antropología, las múltiples diferencias culturales que hay en los múltiples pueblos que hay en la tierra y se encuentra con culturas distintas de la nuestra que no están centradas en la dominación, que no están centradas en el hombre como una figura autoritaria Y, más aún, en los últimos 20, 25 o más años, un tremendo desarrollo de la literatura feminista que, con una libertad maravillosa, ha hurgado en todos los ámbitos usualmente considerados cerrados o tabúes para la reflexión y que tienen que ver con el mito de origen, con el sexo, con la discriminación de la mujer en particular. Y, por último, con el deseo de entender el cambio cultural. Yo no sé mucho como será el caso de los jóvenes de ahora pero yo, en mi juventud, pertenezco a un momento de la historia en que estábamos todos preocupados por el cambio cultural. La preocupación era: ¿Cómo vamos a participar en cambiar una cultura, el mundo en que estamos viviendo, que genera tanta miseria y tanto sufrimiento, en otro que sea más armónico, menos negador de lo humano? Y este era un momento histórico en el cual la Unión Soviética era, fuese uno comunista o no, la gran esperanza porque había surgido un propósito ético. Era un intento de hacer una cultura justa, una convivencia justa, un mundo humano, aunque había mucha oposición y habían escritos que hablaban de su falacia, de que en verdad no era lo que supuestamente se decía que era, o que la promesa o la intención había sido violada. Yo viví en un espacio con la pregunta por el cambio cultural ¿Cómo cambio la cultura? ¿Qué es lo que uno tiene que hacer? ¿Tiene que ser a través de la guerra? ¿Acaso el cambio cultural exige la eliminación del que piense de manera distinta?
Entonces, frente a eso, al mismo tiempo, todos nos dimos cuenta de que 39 años de Franco en España no cambiaron España. O sea, Franco se va y la España que aparece es, no idéntica a la que terminó con la Guerra Civil Española, pero sí con las mismas preguntas, la misma situación, la misma actitud frente a la vida, como si nada hubiese pasado. Pero ¿Que tiene que pasar para que cambie una cultura?
Mucho antes todavía, cuando niño, yo recuerdo haber leído la Biblia o "La historia Sagrada", como la llamábamos los católicos, la historia del pueblo hebreo que va a la tierra prometida: viene Moisés y llega a la frontera, manda exploradores y estos vuelven diciendo que es una tierra maravillosa, donde fluyen la leche y la miel y que está poblada por gigantes Entonces Dios indignado, los condena a vagar cuarenta años en el desierto. Vuelven, nuevamente, exploradores y dicen que es una tierra maravillosa, donde fluyen la leche y la miel pero está habitada por hombres normales. A mí, esa historia me sorprendió: ¿Cómo se achicaron, si primero eran gigantes y cuarenta años después eran hombres normales? ¿Qué pasó ahí? Esa fue una pregunta que yo tuve desde pequeño. Y claro, lo que pasó fue, no que cambiara el tamaño de los habitantes de. Palestina, sino que cambió la actitud vital de los hebreos. Hubo un cambio cultural. ¿Cómo se produce el cambio cultural? Pensé que para que hubiera cambio cultural había que estar cuarenta años en el desierto. Pero la cosa es más compleja que eso. Eventualmente, me orienté a la pregunta por las emociones. Y ese es el corazón de este tema, en estos momentos.


Hay una afirmación que es rotunda en su libro y que a mí me remeció y que dice: "La vida humana, como toda vida animal, es vivida en el fluir emocional que constituye en cada instante el escenario básico desde el cual surgen nuestras acciones. Más aún, pienso que son nuestras emociones, y no nuestra razón, lo que determina en cada instante lo que hacemos o no hacemos". Esa afirmación es como un golpe bajo a toda nuestra cultura logocéntrica.



Así es. Pero, yo creo que no es un golpe bajo, es una liberación porque es una ampliación del entendimiento. El que actuemos desde la emoción no niega la razón, pero le permite a uno darse cuenta que la razón se funda en premisas fundamentales, cuya aceptación no es racional sino que es emocional, pertenece a la emoción En tanto la emoción y el emocionar es fundamental en la organización del vivir, en el espacio que se vive, para que haya cambio cultural, tiene que haber cambio emocional. Y esa es la gran temática de ese libro


¿Significaría eso que detrás de todas las utopías de este siglo y las utopías pasadas, por ejemplo, el comunismo, el fascismo, etc., más que un proyecto político ideológico, lo fundamental es una emoción que produce ese proyecto político o esa utopía?



Evidentemente. Y es, precisamente, no entender que lo que está en juego es una dinámica emocional lo que lleva al fracaso. Por ejemplo, cuando se produce la Revolución Rusa, hay un propósito ético, hay una fuerza de acción en el convencimiento de que lo que se quiere hacer es válido. Los razonamientos, en el fondo, están ahí pero no son los que convencen, lo que convence es la inspiración ética, el propósito ético. Pero ese propósito ético que mueve a la gente, en algún momento viene a ser desvirtuado por una argumentación racional sobre el cómo debe hacerse. El cómo debe hacerse, es a través de una dictadura; la dictadura del proletariado. Y esa argumentación racional cambia lo emocional, porque desde el propósito ético se pasa a la exigencia, al obligar al otro y se termina con lo que pasó: la completa negación del propósito inicial.


¿Esta emocionalidad es propia del ser humano como especie o es algo que lo liga a otras especies animales?



Yo quisiera no usar la palabra "emocionalidad" porque tiene ciertas connotaciones negativas en nuestra cultura. Este emocionar como un fundamento, sí, es propio de todos los animales. Todos los animales se mueven en el fluir de las emociones.


¿Y cuál sería alguna diferencia cualitativa en el emocionar humano en relación a otras especies animales?



No fundamentalmente, las diferencias corresponden a la riqueza y diversidad del emocionar y su entrelazamiento con el lenguaje y, por lo tanto, con la razón.


En la introducción de "Amor y Juego: Fundamentos olvidados de lo humano", usted habla también de la conversación. En el fondo, si no entendí mal, todas las acciones humanas: la cultura en la que estamos inmersos, la civilización, nuestro modo de comportamiento, tienen que ver con una red de conversaciones. Es decir, nosotros somos en el leguaje. ¿ Podría explicar un poco más ese concepto?



Lo que yo digo es lo siguiente: que lo humano surge en la historia de los primates bípedos al los cuales pertenecemos. Cuando el vivir en el lenguaje, y yo digo ahí y en otras partes que el lenguaje es un fluir en la convivencia en coordinaciones, de coordinaciones conductuales consensuales que surgen en el vivir, empieza a conservarse de generación en generación, pero surge necesariamente entrelazado con el vivir emocional, con el fluir de las emociones. Ahora, si Ud. atiende en la vida cotidiana, se da cuenta que todo el proceso racional se entrelaza con las emociones y si le cambian las emociones, le cambian el razonar. Ud. se molesta por algo y su razonar sigue un cierto curso, se alegra por algo y su razonar sigue otro, se serena su razonar sigue otro curso, en el proceso de desarrollar un cierto argumento racional le cambia la emoción y cambia el fluir del razonar. De modo que se nos entrelaza el razonar con el emocionar, el lenguajear con el emocionar y es a eso lo que llamo conversar. Ahora, el lenguaje no es un fenómeno abstracto, tiene que ver con el hacer, tiene que ver con la conducta, con las coordinaciones de coordinaciones de conducta, con las coordinaciones de coordinaciones de hacer. Tiene que ver con el hacer, no es abstracto, no tiene que ver con los símbolos, tiene que ver con el hacer. Cuando me llaman por teléfono y hacemos una interacción en el lenguaje, lo que coordinamos es el hacer, el resultado es que estoy aquí por ejemplo de una llamada telefónica que me invitaban a venir a este programa, pero eso también tiene que coordinar las emociones, porque si resulta que de esta invitación, que puede ser impecable en su justificación racional, no resulta mi deseo de venir, no vengo. Entonces, la conversación es un entrelazamiento del lenguajear y el emocionar. Lo que yo digo es que todo el quehacer humano se da en redes de conversaciones. La Medicina es un red de conversaciones, la Ingeniería es una red de conversaciones, el Derecho es una red de conversaciones, el cocinar es una red de conversaciones...

El amor también ¿no?



No. Digamos el amorizar sería una red de conversaciones, el amorizar como una actividad no como una emoción. Pero por ejemplo esto, el hacer un programa de televisión es una red de conversaciones y es una red de conversaciones porque Ud. tiene que coordinar el hacer y el emocionar.


Tengo la sensación que toda esta teoría y esta aplicación que ha hecho Fernando Flores tiene que ver un poco con este matiz nuevo del pensamiento, el hecho de considerar el lenguaje como un hacer.



Claro. El fue alumno mío mientras estaba preso en Tres Álamos. Durante ocho meses yo lo fui a ver dos veces al mes, en verdad le hice una tutoría sobre el lenguaje y biología del conocimiento. Pero las cosas que él ha hecho las ha desarrollado él.


Vamos al origen de nuestra cultura, porque como Ud. dice, aquí está entrelazado el emocionar con el lenguajear, sino entendí mal, y quisiera saber ¿de dónde venimos nosotros, cual es nuestra red de conversaciones, de dónde nace nuestra cultura patriarcal? que Ud. señala por lo demás como fuente de sufrimiento en el ser humano, fuente de neurosis, de dolor, de contradicción, de angustia, etc. ¿De dónde venimos nosotros, cuál es el origen emocional de nuestra cultura?



Yo propongo en ese libro, "Amor y Juego: Fundamentos olvidados de lo humano", que la cultura patriarcal surge como una modificación de una cultura matrística preexistente, anterior y que surge con el cambio de las emociones, cambia el emocionar del vivir. Los cambios de conducta no son suficientes para que cambie el emocionar, tiene que darse circunstancias del vivir suficientemente complejas como para que cambie el emocionar del hacer. Mi proposición es que el patriarcado como forma fundamental de vida, surge con el pastoreo y que al surgir el pastoreo surge como un convivir armónico, en el cual aparece la apropiación, aparece la desconfianza, aparecen las armas, aparece la guerra, aparece la valoración de la procreación. Todo esto tiene que ver con la exclusión del lobo de lo que le es normalmente su alimento, además eso es lo que yo propongo allí y esto lo asocio con el hecho que Ud. mencionaba al comienzo de los mitos del lobo como un ser enemigo del humano, agresivo, sangriento, en circunstancias que los estudios del lobo en su conducta silvestre muestran a un animal completamente distintos, entonces yo pienso que el lobo surge como enemigo en el momento que se le empieza a excluir del acceso normal a su comida. Y que esa exclusión del acceso normal a la comida del lobo, hará unos 15 mil a 20 mil años atrás, en Asia, empieza a practicarse de generación a generación en el aprendizaje de los niños, entonces cambia el emocionar.


Antes que la cultura patriarcal estaba la cultura matrística, tengo entendido que la cultura cretense sería una cultura matrística. ¿ Cómo es que esta cultura, que tal como la describe Ud. y como está descrita en otros libros, una cultura donde hay un predominio de lo estético, un respeto por la naturaleza, una especie de convivencia armoniosa con la naturaleza y con una deidad madre, femenina que de alguna manera sintetiza esa naturaleza, ese cosmos natural ¿Cómo es que esta cultura tan armoniosa que aseguraba una cierta felicidad que casi parece como un paraíso mirado desde ahora, desde el hombre moderno, sucumbe frente a la cultura patriarcal?; ¿no es que en sí misma a lo mejor tenía alguna debilidad o alguna carencia que la hace desaparecer?



No. Yo creo que no, lo que ocurre es lo siguiente: esta cultura patriarcal pastora que en su origen es armónica también, hombres y mujeres son patriarcales, hombres y mujeres valoran la procreación, hombres y mujeres viven este espacio de apropiación sin conflicto fundamentales entre ellos, pero generan pobreza porque generan una dinámica lineal en la reproducción. Hay un cambio de mirada sobre las coherencias del mundo natural porque aparece la desconfianza, y aparece la desconfianza porque está la exclusión del lobo. Y el lobo, por supuesto, si Ud. lo echa da la vuelta para encontrar su acceso al ganado por otro lado, entonces eventualmente lo mata, entonces cambia lo emocionar, pero todavía es armónico. Pero al cambiar ese emocionar, al aparecer la desconfianza en el mundo natural, aparece la valoración de la apropiación, se empieza a tener seguridad en que hayan más animales, pero si crece la población animal pasan dos cosas aumenta la contaminación, el daño del medio ambiente y aparece el hambre, porque se saca del entorno con más velocidad que aquella con la cual éste normalmente se repone y aparece la pobreza, y aparece la pobreza para el ganado y para la familia. En un mundo abierto esta familia se mueve, se mueven estos pueblos pastores a otros lados y a otros lugares y se juntan o se separan y aparece una cultura centrada esta vez en la desconfianza, en la apropiación, en el matar al enemigo porque aparece la enemistad con aquel que uno quiere negar o cuando uno quiere apropiarse de lo suyo, como el caso de apropiarse de aquello que es la comida del lobo. Eventualmente, se encuentran estos dos pueblos matrístico y patriarcal. Ahora, el pueblo matrístico no esta centrado en la guerra pero el pueblo patriarcal sí. Es un problema de actitud, lo mismo pasó cuando llegaron los españoles a México con Cortés, que se produce la guerra con los aztecas. Los aztecas eran valientes, eran guerreros, pero miraban la guerra de una manera distinta de los españoles. Es cierto que los españoles tenían armas más poderosas, pero la actitud era distinta. El azteca hacia la guerra para hacer prisioneros, el español hacia la guerra para matar al enemigo. Entonces en el momento que Ud. golpea a alguien para hacerlo prisionero, lo golpea con menos fuerza que cuando lo golpea para matarlo. Entonces ¿quién pierde? Pierde el que disminuye su acción porque no quiere la muerte del otro. Bueno, aquí en este encuentro, estos pueblos pastores, patriarcales, tienen la actitud del exterminio, de matar al otro pero los pueblos matrísticos no están centrados en el exterminio, se mueven de otra manera. Entonces, son derrotados, no son muertos, y las mujeres son apropiadas por estos hombres patriarcales. Pero el patriarcado no tiene que ver con el hombre, es una cultura, hombres y mujeres patriarcales son patriarcales.


Vamos a seguir avanzando en esta historia que es apasionante y que nos va a llevar a lo que somos ahora en este instante, en este presente, en este conversar de ahora. Pero quisiera graficar un poco más, está muy bien descrito en el libro, está presentado casi como una comunidad dorada, casi un poco como un paraíso este mundo matrístico, casi uña suerte de nostalgia ¿no? Pensando y leyendo la descripción que Ud. hace de ese mundo, me dio la sensación de que en nuestra poesía y en el arte occidental, particularmente en la poesía, en la poesía romántica, por ejemplo, está de alguna manera, a lo mejor, inconscientemente la nostalgia de ese mundo matrístico, de ese mundo donde había un orden con la naturaleza, donde está la figura de la madre, como una figura importante, central, hay una convivencia, hay un elemento estético que rodea una sacralidad de la vida, etc. O sea, que en nuestra cultura y en las expresiones artísticas importantes de este siglo sobre todo, habría una nostalgia de ese estado original.



Ciertamente la hay, porque en nuestra cultura ese estado original está en la relación materno-infantil, en la relación de las mujeres y los niños, en la parte básica de la infancia de todos nosotros en nuestra cultura. No en todas las culturas es igual, entonces la nostalgia tiene que ver con eso porque el tránsito de la niñez a la vida adulta es un cambio cultural. Uno pasa de una cultura centrada en la cooperación, en la participación, en el cuidado, en la atención, en la alegría, en el encanto del vivir y del hacer en el ámbito de lo natural, a una cultura centrada en la exigencia, la dominación, la competencia, la lucha. Es un salto terrible, entonces ¿qué es lo que uno quiere? recuperar lo otro, pero, ¿qué es lo que uno quiere? Por ejemplo, hay un chiste que es el siguiente: un señor rico, ya anciano, está de visita en Nápoles y se encuentra con un napolitano tendido allí en la playa, un hombre joven, y le dice: "bueno y Ud. ahí no hace nada, no trabaja" y el napolitano le dice: "¿para que quiere que trabaje?"; "para ganar plata"; "¿y para que quiere que gane plata?"; "para poder viajar"; "¿y a dónde quiere que vaya?", "a Nápoles, a disfrutar de la naturaleza y del mar". El chiste, claro, él esta ahí, no necesita ganar plata para estar ahí, pero no solamente eso, sino resulta que este señor en el fondo, quiere recuperar ese espacio de armonía con lo natural. Si nosotros adultos, patriarcales también buscamos como un lugar que nos devuelve la exquisitez de la vida, un ámbito matrístico.


Pensando en eso, lo traje como ejemplo, hay un libro de Saint Exupéry que es "El Principito". Leyendo y releyendo su libro, yo pensaba que lo que hace en este libro de Saint Exupéry, que aparece con una crítica a los adultos al comienzo. Este niño que es incomprendido, que no le comprenden sus dibujos, este niñito, este principito, sería a lo mejor el arquetipo de esa infancia que ha sido educada o que pertenece al ámbito de lo matrístico, que se enfrenta a un mundo de la eficiencia, un mundo del orden, un mundo donde los adultos sólo hablan de política y de corbatas, como dice Saint Exupéry. Lo veía como un ejemplo plástico.



Yo diría que sí, yo creo que Saint Exupéry en ese libro va hacia una cosa así. Este niño opera en la poesía de las coherencias de un mundo natural, armónico, analógico y se encuentra con que tiene que actuar después o que está exigido y criticado de un mundo lineal, rígido, exigente, no acogedor, que es el mundo adulto, por lo menos el que describe allí y el que le describen a uno. Cuando se es niño chico y le dicen que vaya al colegio para la vida adulta, le describen ese mundo.


¿Cómo pueden mantenerse estos elementos o residuos de la cultura matrística, si es que la que ha triunfado es la cultura patriarcal?, quiero decir, ¿qué pasa con la madre? Ud. de alguna manera lo dice en el libro, ¿ las madres, de alguna manera, han conservado casi clandestinamente, por decirlo así, elementos de la cultura matrística anterior?



Ciertamente, las madres conservan la cultura, pero conservan las dos culturas: conservan la cultura matrística en la relación materno-infantil y la cultura patriarcal en la vida adulta, en la cual ellas también tienen de alguna manera que participar y esos aspectos matrísticos se conservan Y las madres logran proteger a sus hijos de la continua penetración de la cultura patriarcal, esa cultura matrística está allí. Pero ahora están pasando cosas que no van en esa dirección. Por ejemplo, en estos momentos, en muchas partes ya se está haciendo o se quiere hacer, el tomarle examen a los niños para el jardín infantil. Un examen que está destinado a evaluarlo, según la proyección que uno está haciendo para un futuro mercantil de la vida del siglo 21. Eso es una penetración en el espacio matrístico de la cultura patriarcal, que va a negar esta formación fundamental del niño como un ser que vive un espacio tierno, de juego, de encanto, de estética acogido en la legitimidad de su ser, por que se lo va a instrumentalizar para el futuro y de esa manera vamos a destruir ciertos fundamentos matrísticos dentro de nuestra cultura.


Ahora, si viviéramos nosotros como niños, nacidos en esta cultura patriarcal, criados por madres matrísticas, de alguna manera hemos sido criados en una suerte de esquizofrenia.



Efectivamente, y esa esquizofrenia se ve de dos manera fundamentales: una, crecemos viviendo el conflicto de la cultura patriarcal y la cultura matrística como el conflicto entre la masculino y lo femenino y tanto es así, que hay terapias de recuperación de la armonía de lo masculino y lo femenino para los adultos y el otro aspecto esquizofrénico, está en lo que le pasa al Joven en su adolescencia hombre o mujer que tiene que pasar de su vida matrística a su vida patriarcal, en circunstancia de que la vida patriarcal niega todos los valores de la vida matrística. Entonces, se habla de un conflicto del desarrollo psicológico, en circunstancia que lo que hay es un conflicto de cambio de cultura.


Ud. al hacer un análisis de la cultura matrística y patriarcal analiza un elemento que me parece fundamental, que es el elemento místico espiritual y luego, que se transforma en la cultura patriarcal en lo religioso. La cultura matrística tenia una religión o una espiritualidad, como decíamos al comienzo, ligada directamente con la tierra o sea, es fundamentalmente terrestre ¿no? a través de una diosa que sintetizaba los elementos naturales. El cambio se produciría en la cultura patriarcal con la introducción de un dios o una espiritualidad más abstracta, celeste, ahora ¿incluye Ud. dentro de la cultura patriarcal también, el fenómeno del cristianismo?



Sí, definitivamente. Pero al cristianismo como religión, pero Jesús es un intento, no explícito, no dicho así, de volver a la confianza en el mundo natural, matrístico. Jesús tiene muchos rasgos matrísticos en su relato. Jesús en verdad yo diría, es prácticamente un intento de recuperar las dimensiones matrísticas. Él habla, por ejemplo, del Reino de Dios, todo su discurso sobre el Reino de Dios es un discurso ecológico, no con nuestro hablar ecológico, pero habla de las coherencias, del mundo natural, donde los pájaros no tienen que trabajar, las flores se visten naturalmente de bellos colores y como uno tiene que tener confianza en el Reino de Dios, por la armonía del Reino de Dios. Ese es un discurso que tiene que ver con una visión matrística del mundo natural. Jesús hace una cosa muy interesante, y es la siguiente: dejemos de lado por un momento nuestras creencias sobre la divinidad y pensémoslo como un maestro espiritual. Él como maestro espiritual, de alguna manera pertenece a una corriente mucho más antigua que Él, que ve el sufrimiento humano centrado esencialmente en el apego. En ese sentido, su visión básica es parecida a la visión budista y a la visión de las muchas religiones orientales antiguas. Su prédica es precisamente eso, la búsqueda del desapego, pero su práctica para el desapego es el amor, en el budismo, la práctica para el desapego es la meditación. En Jesús la práctica para el desapego es el amor. Esa es su verdadera apertura...


Su genialidad, de haber surgido en una cultura patriarcal, porque la cultura en el judaísmo, según el Antiguo Testamento (si no entiendo mal) sería el ejemplo gráfico de la cultura patriarcal.



Es un ejemplo gráfico de una cultura patriarcal, que tiene también de elementos matrísticos que están siendo continuamente dominados, sometidos por lo patriarcal a través de la ley, de la norma. El conflicto de Jesús es con la ley judaica, con lo externo, con la norma que destruye lo espiritual. Entonces, él era judío, él retoma también de sus tradiciones elementos que tienen que ver con el amor, pero lo que el hace es plasmar al amor como la práctica fundamental de liberación espiritual, de salvación del ser humano al liberarlo del apego.


Se podría decir que en este Cristo del que estamos hablando hay elementos matrísticos, revolucionarios por decirlo así, que atenta en contra de la cultura patriarcal fijada sobre todo en la ley, en lo externo, en la dominación, en la violencia, etc. pero que, sin embargo, el cristianismo como religión se habría transformado o habría modificado su mensaje inicial tomando características propias de la cultura patriarcal.



Claro, se habría repatriarcalizado y eso lo hace Pablo. Pablo, restituye y los que siguen de él también restituyen el sacerdocio como fuente fundamental para la religión y le quitan su carácter espiritual fundado en el amor. Se habla de amor, por supuesto, se habla de amor en el cristianismo, pero, Pablo restituye la ley. No en vano Nietzsche pone a Pablo como el Anticristo, su libro "El Anticristo" es en verdad una demostración de como Pablo destruye las enseñanzas de Jesús.


De esta cultura patriarcal, que estamos criticando o sobre la cual estamos conversando ahora y rescatando los elementos negativo, ¿rescataría Ud. algún elemento positivo de nuestra civilización? una cultura que ha dado, por ejemplo, desarrollo científico, progreso tecnológico positivo, desarrolló la filosofía, el pensamiento, desarrolló el arte también.



Yo creo que todas las culturas tienen aspectos estéticos, aspectos intelectuales que son valiosos, el problema es como están insertos en la vida. Resulta que la ciencia es un gran valor, pero nosotros la insertamos desde la perspectiva del control, del dominio y terminamos en esta situación de destrucción del medio ambiente en que estamos, porque creemos que la vida es una lucha contra el mundo natural. Entonces, en vez de usar nuestro entendimiento científico para la armonización de la vida, lo usamos para creer que podemos y debemos controlar el mundo natural.


A propósito de la ciencia, me pareció entender en su libro, que la ciencia tendría su origen o su germen en una cultura matrística, en cambio la filosofía tendría su origen en la cultura patriarcal.



Eso es lo que yo digo allí, porque la ciencia, el criterio de validación del explicar científico, la ciencia como actitud, esta abierta continuamente a la reflexión y por lo tanto, está abierta continuamente a la liberación de los dogmatismos, a escaparse de los dogmatismos.


Pero está alejado del emocionar o la emoción.



Yo pienso que lo que está alejado de la emoción son los científicos, no la ciencia,. La ciencia no tiene que ver con la emoción o la no emoción, porque es un modo de validar explicaciones, que es el mismo modo de validar las explicaciones cotidianas, y uno lo puede usar de cualquier manera. La ciencia se ha desarrollado con ciertas características en la cultura patriarcal y eso, o es un valor positivo que puede ser utilizado en una cultura neomatrística, o es un elemento negativo que puede llevarnos a destruir el mundo natural en que vivimos dependiendo de como lo usemos. Yo creo que una de las cosas buenas que ha pasado con la cultura patriarcal es, que el pensamiento lineal racional, desarrollado en la cultura patriarcal, hecho desde el pensar científico que lo libera a uno del dogmatismo, le permite hacer las reflexiones que estamos haciendo ahora y estas reflexiones que yo hago allí en esos libros. De manera que, uno puede integrar un entendimiento lineal con un entendimiento sistémico, que lleva a una mejor comprensión del mundo natural.


Lo que me llama la atención a mí, es la filosofía, ahí lo entiendo quizás menos. Pudiera uno creer que en cierta filosofía o toda la filosofía, se da un pensamiento libre, un pensamiento alejado del dogma. Tenemos el ejemplo de Nietzsche, del Existencialismo...



No. Lo que pasa es lo siguiente. Uno hace filosofía cuando reflexiona sobre los fundamentos de su quehacer, cuando reflexiona sobre los fundamentos de su pensar, en ese momento hace filosofía. Pero uno puede genera teorías científicas y teorías filosóficas y hay una diferencia fundamental. No todo filosofar es hacer teoría filosófica. Yo diría que Nietzsche no hace teoría filosófica la mayor parte del tiempo, él hace reflexión filosófica, es una continua invitación a la reflexión. Ahora, yo pienso que la diferencia entre las teorías filosóficas y las teorías científicas está en lo quiere conservar el que hace la teoría. Pero el científico quiere explicar conservando coherencias con la experiencia. Mejor, el que hace teoría científica y quiere explicar conservando coherencias con la experiencia, ya sea científico o filósofo. El que hace teorías filosófica quiere conservar coherencias con principios o nociones fundamentales trascendentes, sea científico o sea filósofo. De la conservación de coherencia con la experiencia resulta una teoría abierta a la reflexión, del conservar coherencias con principios o nociones trascendentales resulta una teoría negada a la reflexión porque está centrada de verdades no cuestionables. Entonces, las teorías filosóficas en ese sentido son restrictoras, limitan la reflexión, se hacen dogmáticas. Las teorías científicas están abiertas a la reflexión, no son dogmáticas. Sin embargo los científicos pueden ser dogmáticos y en ese sentido el negarle a la teoría científica su carácter no dogmático y hacerla dogmática, porque eso tiene que ver con la emoción, qué es lo que yo quiero conservar. Entonces, un científico puede empezar haciendo una teoría científica y terminar haciendo una teoría filosófica.


De alguna manera hay filósofos, que a lo mejor en este siglo han prefgurado esto que Ud. está diagnosticando en su libro. De hecho estamos hablando de Nietzsche, pienso en Kierkergaard, pienso en los existencialistas que centren de alguna manera la reflexión en la experiencia, en lo humano. ¿Se podría decir que son ellos una especie de profetas o que están ahí tocando la campana de alerta frente a la cultura patriarcal?



En algunos sí y en otros no, pero se han encontrado sin darse cuenta con esta problemática de la cultura patriarcal. Yo creo que hay muchos pensadores que han ido en esa dirección, pero el carácter de su pensar y su desarrollo en último término ha estado determinado por su aferrarse o no aferrarse a principios. Del momento en que uno se aferra a principios, cualquiera que estos sean, se acabó la libertad reflexiva, y esto uno puede ser un científico, por ejemplo Einstein. Einstein genera la Teoría de la Relatividad como una teoría científica. En este proceso cambia la noción de espacio, cambia la noción de tiempo, cambia la noción de gravitación, cambia todo un conjunto de cosas que eran tratadas en la física clásica como principios, como verdades a priori, inobjetables, no había que pensar en ellas, eran así. Muy bien, hace una teoría científica, pero en sus discusiones con Niels Bohr en relación al indeterminismo de Heisenberg, hay un momento en que Einstein no acepta eso y dice: Dios no juega a los dados En ese momento Einstein hace teoría filosófica, porque ha aceptado el determinismo como un principio y el resto de su vida está destinado a buscar una explicación cósmica que conserve el determinismo, está atrapado en eso, hace muchas cosas bonitas pero está atrapado en eso. Se atrapa en un principio, es decir, en algo que restringe la reflexión.


O sea que, ¿el arte o la creación artística sería una posibilidad de expresión de una sensibilidad no patriarcal mucho más que otras disciplinas?



Sería. Ahora, lo que va a pasar es que el arte va a tener los motivos que tenga según el sentir del artista y Ud. se va a encontrar en la trayectoria de la cultura patriarcal de arte que es matrístico y arte que no es matrístico, dependiendo de como maneja su temática. Pero el artista, y todos somos artistas, si no artistas en término de profesión, todos tenemos la mirada poética, que nos permite captar configuraciones de la existencia en un dominio y plasmarlas en otro. Bueno, ¿qué configuraciones miro, qué hago yo con esa mirada poética?, depende de como me muevo yo en mi emocionar.


Quisiera volver un poca al tema del misticismo y la religión. Haciendo una síntesis, podríamos decir que el misticismo matrístico tiene que ver con la colaboración, tiene que ver con el respeto. En cambio el patriarcal sería un misticismo, una religiosidad o una espiritualidad profética, Ud. dice ahí misionera. Sale a vender la pomada o a imponérsela a otros. ¿Hay en su análisis un lugar para el misterio?, es decir, Ud. al determinar la religión, específicamente la religión católica o la religión cristiana, tal como se ha dado en nuestra historia, ¿es posible que el misterio entre en la existencia humana, el origen de la religión sea un origen de misterio, de divinidad y no necesariamente tenga que explicarse solamente por su origen histórico o cultural?



No. Yo creo que el misterio está permanentemente presente. Lo que pasa es que las religiones, hacen un dogma del modo particular de explicar el misterio del vivir que ellos tienen, los que configuran la religión. Porque en cierta manera el vivir es misterioso. De la siguiente manera: No misterioso como algo no explicable, pero como algo que uno explica, digamos la vida y el cosmos, todo, uno lo explica con el vivir. Las explicaciones científicas son explicaciones de la experiencia con experiencia y la experiencia a uno le surge de la nada. Uno se encuentra en las situaciones que en algún momento determinado a uno le llaman la atención y que uno quiere explicarlas y entonces recurre a otras experiencias para explicar esa. Así que uno vive, por así decirlo, en el misterio de la experiencia que va surgiendo, uno va viviendo un mundo que va surgiendo así, natural y espontáneamente y que uno explica con lo que uno ha vivido ya. El problema con las religiones, es que a esas situaciones de la espontaneidad de la experiencia, le quitan espontaneidad al poner un dogma explicativo, en el fundamento del sistema religioso en cuestión, cualquiera que este sea.


Esta cultura patriarcal que estamos viviendo nosotros es una cultura que estaría llegando a su término, algo pareciera que se insinúa en el libro, pareciera que se estuviera viviendo una suerte de final o de posible decadencia o agotamiento de este sistema por el mismo hecho del sufrimiento, la pobreza que hay en el mundo, la confrontación, el stress cotidiano, en los distintos niveles se da este sufrimiento derivado de las contradicciones internas de esta cultura.



Yo no se si está llegando a su término, hay muchos que dicen que la cultura patriarcal está agotada, se abre una nueva era, como si estas cosas tuviesen que seguir un curso particular u otro. Yo no pienso así. Lo que yo pienso es lo siguiente: yo pienso que nos damos cuenta en estos momentos, que estamos destruyendo el mundo natural, y que esto tiene consecuencias que vemos ahora. Tiene que ver con hambre, con enfermedades, con cambios climáticos, contaminación ambiental, todas estas cosas que hacen que nos preguntemos ¿qué pasa, adónde vamos?. La población humana está creciendo y nos damos cuenta que la tierra de alguna manera no puede armonizar con una población en continuo crecimiento, porque el hombre lo destruye todo. Y nos estamos dando cuenta de que esto tiene que ver con ciertos aspectos de la cultura patriarcal: el pensamiento lineal, las actitudes productivas, la negación de lo humano. Frente a alguna de estas cosas, los seres humanos hemos inventado en la historia algunas respuesta como la democracia. La democracia es una ruptura del patriarcado, porque abre un espacio para la reflexión, rompe la apropiación de las ideas, rompe la apropiación de los temas de la comunidad; de modo que éstos que eran de propiedad de algunos, de algún monarca, de alguna autoridad x, genera ciertos mecanismos para que todas las personas tengan acceso al entendimiento, al conocimiento y al manejo de los quehaceres de la vida de la comunidad. Pero al mismo tiempo, vivimos la cultura que valora ciertas cosas que son totalmente contraria con eso, por ejemplo: el crecimiento, la producción. Pero, el pensar de que la producción debe estar en continuo crecimiento, es un pensamiento que lleva necesariamente a la destrucción del mundo natural, porque hacemos máquinas productivas y las máquinas productivas son capaces de cambiar el cosmos entero en subproductos, esto es una metáfora evidentemente, a menos que uno pare la máquina, entonces ese acto de para la máquina es un acto poético, es un acto inspirado en una cierta concepción que dice no, no podemos seguir así. No se trata de crecimiento continuo, se trata de transformación armónica; ni siquiera se trata de un crecimiento sustentable, se trata de una transformación armónica.


Ahora, esta democracia que Ud. describe, seria la democracia, ideal, utópica, no como se ha dado históricamente.



Claro, por supuesto que sería la democracia utópica, pero es que es la única que vale la pena. La utopía es lo que uno considera como deseable, y la considero como deseable porque tiene que ver con uno, con su infancia matrística No podemos volver a una vida matrística, no tenemos idea como era el mundo natural hace 25 mil años. Hay un estudio de un autor australiano, que escribió un libro que se llama "Los comedores del futuro". Los comedores del futuro somos los seres humanos en general. Hace un estudio de varias colonizaciones que se conocen desde lugares como por ejemplo Australia. Los primeros habitantes de Australia llegan hace 60 mil anos atrás y al llegar allí se encuentran con un mundo infinito, abierto en su abundancia de una manera total, es un mundo infinito, una promesa infinita. Pero no tenemos idea como era ese mundo porque ha sido completamente alterado. Rápidamente se extingue una cantidad enorme de animales, cambia toda la situación ecológica y el mundo que los blancos encuentran cuando llegan allá ya no es el mundo original, es otro, es otro espacio de coherencia, se ha transformado de otra manera. Ellos aprendieron a respetar su mundo y a no destruirlo del todo. Pero esa es la actitud nuestra, pensamos que el mundo es infinito y no lo es. Yo estuve no muchos años atrás en Brasil y conversaba con alguien del Brasil sobre la selva. Había un claro, yo le pregunté, qué pensaba él de la reforestación de la selva? y me dice: "¿para qué?, si esto es infinito". No es cierto, cada vez que Ud. piense que esto es infinito, poco después se encuentra que esto no es cierto, que uno lo destruyó todo y no lo puede recuperar. Lo que yo pienso es que, en este entendimiento de lo biológico, en este entendimiento de los fenómenos naturales, en este entendimiento de la física, nos estamos dando cuenta de que el mundo no es infinito, de que la vida humana transforma y hace el mundo que los seres humanos vivimos y ese entendimiento puede llevarnos a salir del patriarcado y meternos de hecho en una cultura neomatrística. Pero es un acto nuestro, no es un acto que vaya a ocurrir en el fluir de la historia.


Ahora, ese cambio ¿sería, tal como Ud. lo está planteando, un proyecto, un cambio voluntario?. Sin embargo, cambios se han dado, como Ud. lo decía también en su libro, involuntariamente, casi inconscientemente. ¿Es posible producir un cambio voluntariamente?



Si cambia la actitud, si cambia el entendimiento, sí. No va a ser un cambio en el cual nosotros podemos decir de antemano cuales son las acciones que hay a tener, salvo una que otra que vamos viendo según la circunstancia. Pero, lo importante es la actitud con que uno hace las cosas de manera que uno pueda corregir errores, en primer lugar uno pueda ver errores, decir: esto es un error, estar dispuesto a corregirlo, equivocarse tantas veces como sea necesario para encontrar una cierta dinámica de transformación armónica.


Leyendo sus libros, "El árbol del conocimiento" que ha sido uno de sus libros que ha sido más divulgado y ha sido más leído o uno de los últimos que acaba de salir llamado "De máquinas y seres vivos" editado por Editorial Universitaria, Ud. parte con un trabajo biológico, el trabajo con la vida, con las células, la base de la vida, a través de este concepto de la autopoiesis. ¿Fue ese conocimiento, el descubrimiento del concepto de la autopoiesis, el que de alguna manera Ud. extrapoló para construir esta teoría de lo matrístico? ¿Le ayudó este trabajo biológico para hacer este otro trabajo antropológico cultural?



Ciertamente me ayudó pero no es una extrapolación de allí. Lo que este trabajo de la autopoiesis hace, es contestar la pregunta ¿qué es lo vivo?, y contestarla de una manera que da cuenta de todos los fenómenos biológicos con independencia de visiones, llamémoslo místicas, trascendentes. No de experiencias místicas, sino que de nociones explicativas trascendentes vitalistas de una clase u otra. En el momento en que eso se logra, de una manera definitiva, para mi gusto, eso es una respuesta definitiva a la pregunta: que es lo vivo. Ud. tiene libertad para perseguir las consecuencias del entender al ser vivo como un sistema autopoiético. Entonces, todo esto que tiene que ver con la cultura, viene de allí, de la liberación de la reflexión y el entendimiento que trae consigo el haber liberado a la mirada biológica de cualquier restricción de un pensamiento trascendente, filosófico o religioso; porque todo lo que viene después es seguir las consecuencias. Bueno, si los seres vivos son sistemas autopoiéticos ¿qué pasa?; ¿qué pasa con los conjuntos, los organismos?; ¿qué pasa con las unidades de los organismos?; ¿cómo surge el lenguaje?; ¿cómo cambian las culturas?; etc.


Una última pregunta. ¿Ud. cree en Dios?, ¿es legítima mi pregunta?



Claro. Es legítima, si vivimos un espacio de creencias. Pero, note Ud. que la pregunta ¿Ud. cree en Dios?, está hecha exactamente en el espacio de creencias. Uno cree cuando no sabe y no tiene fundamentos para lo que dice que cree. Digamos si yo sé de Dios, no creo en Dios, sé de Dios. Y si no sé de Dios ... la creencia es una cosa vana y superflua que no tiene ningún fundamento. Yo vivo en el Reino de Dios.



Esta entrevista es una transcripción a partir de un vídeo del programa: "La Belleza de Pensar" transmitido por ARTV a fines de diciembre de 1995.